Artículos y reseñas

Caracol del lenguaje o una crítica de puertas abiertas

Linaje de claridad

De realizarse una historia de la crítica literaria en Venezuela, recuento urgente y necesario para sopesar las prácticas de la descripción, la comprensión y la valoración de nuestra literatura, de seguro la figura de Carlos Pacheco tendría un lugar destacado en sus páginas. Él, como pocos, logró construir un discurso crítico donde se conjuga el juicio profundo, la apreciación respetuosa y el uso de un lenguaje diáfano y ameno. Quizás no sería exagerado afirmar, a la manera de Oscar Wilde, que este hermoso equilibrio de profundidad, respeto y encanto que emanan de sus trabajos es el resultado de su misma historia de vida. El crítico es también un artista, decía el autor irlandés, y de las peculiaridades de su alma dependerá la calidad de los juicios que emita, pues toda crítica es en definitiva un ejercicio autobiográfico. De esta serie de cualidades que exhibe la obra de Carlos Pacheco podría hilvanarse una tradición en la cual incluiría a Jesús Semprum, Domingo Miliani, Iraset Páez Urdaneta, entre otros. Un linaje de pasión, inteligencia y claridad.

Archivo de obsesiones

Poco antes de morir, Carlos Pacheco emprendió la tarea de compendiar y organizar su labor crítica. En ese conjunto se hicieron evidentes las obsesiones que le guiaron durante su actividad profesional de casi cuarenta años: el intelectual y la labor de la crítica (La hermana bastarda), las relaciones entre la ficción y la historia (Las ficciones de Clío), la oralidad (La comarca oral revisitada) y el cuento (Caracol del lenguaje). Son esos cuatro temas los que dan estructura y conforman Ojo crítico, nombre dado por el mismo Pacheco a los tomos que la Editorial Equinoccio, en su colección Papiros, ha puesto el meritorio empeño por publicar. Uno de esos volúmenes, el referido a la oralidad, fue ya publicado por la Editorial de la Universidad de Colombia, institución que dio cobijo a Carlos Pacheco en sus últimos años de vida.

Caracol del lenguaje. Teorías y prácticas del cuento, el primero de los tomos, reúne los trabajos referidos al cuento. Textos de reflexión teórica, de análisis de obras del ámbito latinoamericano y nacional y balances acerca de la posibilidades del género en el siglo XXI venezolano son los que componen este tomo que desde ya debe convertirse en material indispensable para los estudiosos del cuento, aquel “caracol del lenguaje”, como llegó a bautizarlo alguna vez Julio Cortázar.

Los resortes del cuento

En un pedagógico balance que da inicio al volumen, Pacheco repasa las cualidades formales del cuento, sus mecanismos y resortes. Este texto, que lleva por título “Criterios para una conceptualización del cuento”, es un sucinto estado del arte de la discusión acerca de lo que el cuento es y de la búsqueda de sus posibles elementos definitorios. El artículo es una joya en sí mismo que sirve de piedra de toque teórica a las disquisiciones y valoraciones que seguirán a lo largo del volumen. La posibilidad de encontrar en un mismo ensayo un compendio de los diversos intentos de definición del cuento y la reflexión acerca de los diferentes elementos formales que nos permiten catalogar a un texto como una ficción breve, es una enorme ventaja que Pacheco brinda a los jóvenes investigadores de hoy. Dice Carlos Pacheco al respecto: “No trataremos nosotros por supuesto, en estas breves páginas introductorias, de alcanzar esa precisa definición de cuento que ha eludido en definitiva a tantos estudiosos y practicantes del oficio. Más bien nos proponemos apuntar hacia los criterios o categorías más frecuentemente utilizadas por los autores en sus esfuerzos definitorios. Ellos serán: narratividad y ficcionalidad, extensión, unidad de concepción y recepción, intensidad del efecto, economía, condensación y rigor” (Pacheco, 2016: 57). De usarse como material de lectura entre docentes e investigadores, este texto de seguro contribuiría a allanar el camino en la tarea por esclarecer los dilemas que mueven y dan sentido al cuento y daría nuevos argumentos a los jóvenes lectores para un acercamiento más fructífero de las obras.

Saludo a la novedad

En cierta ocasión Julio Planchart, en trabajo sobre la labor crítica de Gonzalo Picón Febres, caracterizó el desdén y el rechazo del crítico merideño a las innovaciones y a las propuestas literarias que se alejaban del canon y de las preceptivas estéticas dominantes. Planchart juzgó como “misoneísta” a este tipo de valoración que pareciera padecer de alergia ante la novedad:

El misoneísmo es achaque natural del hombre maduro y del anciano. Estos, por lo general, pierden la facultad de variar de convicciones, sobre todo las adquiridas en la juventud, y amadas entonces apasionadamente porque constituían elementos esenciales a la formación de la personalidad, y luego, porque viene a ser para aquellos algo así como bienes intelectuales insustituibles, y el recto sentido de ver las cosas. Una novedad cualquiera es factor de inquietud e irritación. La sensibilidad inhábil ya para responder a las excitaciones de lo nuevo, provoca indiferencia que se expresa con un no entiendo, al cual el orgullo transforma en frase irónica equivalente a decir: tales novedades son malas y contrarias a una sana y verdadera comprensión. Picón Febres tenía en mucho sus convicciones, era un hombre ya formado y por lo tanto misoneísta (Planchart, 1948: 407-408).

Existe otro tipo de crítica, apegada al desenvolvimiento natural de la literatura, a sus voces, novedades y contrapuntos, y no a una ideología o concepción teórica predeterminada. Una crítica abierta a las nuevas propuestas estéticas y con un espíritu de valoración dado a la comprensión y no al rechazo gratuito e infundado. En Caracol del lenguaje se saluda a la novedad y se aúpa a las jóvenes generaciones, tanto de investigadores como de creadores, a continuar la senda de la innovación. Esta cualidad puede evidenciarse en el encomiable apoyo dado a investigadores como Violeta Rojo en sus primeros escarceos acerca del cuento breve, y en la crítica favorable sobre la obra primera de Rodrigo Blanco Calderón, Enza García, Salvador Fleján, Krina Ber, entre muchos otros, a quienes denominó en su momento “los novísimos”. Una crítica que intenta comprender a las nuevas voces y que les da impulso, sin mezquindades, para seguir adelante. Una crítica de puertas abiertas que juzga con rigor y amenidad para seguir contribuyendo en la construcción de la literatura:

Desde los ya experimentados y consagrados narradores que comenzaron a publicar en los años sesenta y setenta hasta los aún veinteañeros y prometedores cuentistas que apenas despuntan, tenemos al menos cinco nutridas generaciones activas de narradores de ficción que dan testimonio hoy día de la persistencia y vigor del cuento venezolano en el siglo XXI (Pacheco, 2016: 498).

Una visión integral y panorámica

A una escritura que equilibra la erudición y el buen decir –sin la jerga técnica de las modas críticas, que termina oscureciendo más que aclarando– y a un juicio inclusivo y respetuoso, se suma una visión integral de lo literario, que lo supone parte de un todo sociocultural y de un ámbito que trasciende los límites impuestos por las fronteras nacionales. Así, el cuento venezolano, en sus exponentes canónicos de Guillermo Meneses, Antonio Márquez Salas, Gustavo Díaz Solís, Alfredo Armas Alfonzo, Ednodio Quintero, Antonio López Ortega, entre otros, es estudiado en compañía de una tradición latinoamericanista con trabajos sobre Alejo Carpentier, Augusto Roa Bastos y Julio Cortázar. A la propuesta de una crítica que oye al texto, más que al corsé teórico, se suma la cualidad de entender la literatura como patrimonio de una lengua común. En este sentido, en Caracol del lenguaje se ajusta la mirada de la crítica, cual diafragma fotográfico, para apreciar tanto los detalles de la obra y del conjunto de obras entre sí, como de ellas en su propio contexto. Se justifica de esta manera la elección que el mismo Carlos Pacheco hizo de “Ojo crítico” como título para nombrar a los volúmenes que compendian su obra. Ojo crítico, para Pacheco, no es más que “la capacidad del crítico de adaptar el alcance de la mirada desde lo microscópico hasta lo panorámico” (Pacheco, 2016: 48).

Aunado a este sesudo, panorámico e integral análisis de obras y autores ya reconocidos por la crítica, Pacheco ausculta la producción contemporánea del cuento venezolano y logra además avizorar las líneas temáticas y fundantes del desarrollo futuro del género. Así, en textos como “Migrancias multipolares en la reciente narrativa venezolana”, da cuenta de forma temprana de la hoy cada vez más creciente problemática de la diáspora venezolana y su ficcionalización en la narrativa del país. En “Las fibras tiernas del narrar: sobre los novísimos narradores venezolanos” o “Persistencia y vigor del cuento venezolano en el nuevo milenio”, se evidencia la capacidad de la buena crítica en diagnosticar el presente, con las herramientas ejemplarizantes del pasado, para lograr así esbozar el futuro prometedor del género.

Caracol del lenguaje, a fin de cuentas y por todo lo antes dicho, es una valiosa y fecunda reunión de las condiciones que deben guiar la labor crítica: “La fundamentación teórica, el respaldo documental, el rigor metodológico, la coherencia argumentativa y la claridad expositiva” (Pacheco, 2016: 502). Eso es lo que encontraremos en estas páginas.

 

Referencias

Pacheco, Carlos (2016) Caracol del lenguaje. Teoría y práctica del cuento. Caracas: Equinoccio (Papiros, Recorridos; Serie Ojo crítico, V. 1).

Planchart, Julio (1948). Temas críticos. Caracas: Ministerio de Educación Nacional.

Wilde, Oscar (1969) Obras inmortales. Madrid: EDAF.